En mis meditaciones sobre "La
vida, ¿Qué es eso?", traté de ver a
Dios en la creación de la materia y posterior
expresión de su voluntad de que aquella tomase la
capacidad de moverse, crecer, multiplicarse y morir,
infundiéndole para ello ese deseo, al que el
hombre denominó alma y a cuya manifestación
nombró como vida. Ese hombre, surgido de la
evolución de esa vida, adquirió tal
desarrollo y conocimientos que se permite arreglarle la
casa de Dios, analizando sus deseos, costumbres e
intenciones y así suele hablar ex cátedra
de temas que se imagina; pero que en ningún modo
conoce ni puede conocer pero que, no obstante, a veces
saca conclusiones que pudieran, cuando menos, parecerse
mucho a la realidad.
En su mucho cavilar, allá por
el año 600 antes de Cristo, (un griego: Tales de
Mileto) descubrió que el roce de la lana y otros
objetos ligeros como el ámbar causaba una
atracción entre esos objetos.
Más tarde, en el año
1600, (un inglés: William Gilbert) llamó
electricidad a dicho fenómeno de atracción.
Y ya en 1752 (un americano: Benjamín Franklin)
experimentando con esa electricidad descubrió el
pararrayos.
Posteriormente en 1802 (otro
inglés: Thomas Young) utilizó por primera
vez el término "energía" para referirse a
la capacidad que tiene la materia de producir esa
electricidad, el trabajo, movimiento, luz, calor, etc. Y
siguiendo con su capacidad cognitiva, el hombre pensante
llegó a la conclusión de que esa
energía no se crea ni se destruye. Solo se
transforma, se conserva, se transfiere, se almacena y se
libera. Pero no se crea: "Es". Ni se destruye: "Eterna"
Aprendió que hay
energías primarias renovables como el viento, la
radiación solar o las mareas y las hay
no-renovables como el carbón, el gas natural o el
petróleo. Aprendió que la materia inerte
posee energía como resultado de su
posición. Aprendió que la principal fuente
de energía de que disponemos es el Sol, que nos
proporciona luz y calor. Aprendió que hay
energía eólica, geotérmica,
hidráulica, fotovoltaica, etc. para generar
electricidad, luz, calor, movimiento etc. Aprendió
que la materia, el espíritu y sus productos son
formas de Energía. Y aprendió que, en
ocasiones, se puede pasar de una forma a otra de la
energía sin grandes complicaciones.
De momento solo sabe eso que
aprendió, que no es poco. Pero no sabe de
dónde sale y en consecuencia no puede crear ni
destruir esa energía.
En definitiva, podemos decir que la
energía es algo único, eterno, Infinito,
omnipresente en nuestra vida y curiosamente cuando ese
mismo hombre pensante se refiere a Dios lo hace diciendo
que es algo único, eterno, infinito, omnipotente,
omnipresente etc. Es decir, una definición muy
semejante a la de la energía, con lo cual yo no
veo descabellado el pensar que Dios es Pura
Energía. Quizás no esa energía con
la que convivimos y de la que muy poco sabemos, sino la
Energía principio y fin de todas las cosas de la
que salió también cuanto desconocemos.
La Energía Total, infinita y no
degradable al ser total y estar integrada por todas sus
formas; a diferencia de la energía existencial de
la vida, que conocemos y que se degrada al adoptar formas
como el calor, que se disipa y no puede ser recuperado en
su totalidad para reconvertir a otro estado diferente de
energía. Hecha esta reflexión, vuelvo al
tema de la vida. Conocemos dos clases de vida: Flora y
fauna. En definitiva, dos formas de energía. En
ambas, los seres vivos que las integran están
sujetos a un continuo desgaste consecuente con el
degradado energético que sufren en sus sucesivas y
constantes transformaciones al nacer, crecer,
multiplicarse o moverse. Y por ello precisan de un
continuo proceso de retroalimentación.
Los árboles y las plantas
forman lo que se conoce como flora. Al igual que las
personas, tienen vida propia, nacen, se alimentan,
respiran, crecen, se reproducen y mueren. Proporcionan
alimentos para la Fauna, herramientas y hasta medicinas
para su restablecimiento en casos de deterioro. Y ellos
mismos , árboles y plantas, toman del suelo al que
están sujetos los nutrientes que necesitan para
restituir su energía degradada y con la
caída de sus hojas no sólo nutren el suelo
al descomponerse, sino que crean las condiciones para la
reproducción de insectos, lombrices y otros
reptiles.
Por mera observación parece
deducirse que esta forma de energía floral, tiene
por objeto la alimentación de la otra
energía, la de la Fauna, la animal y la
misión de aportar los medios suficientes para que
ésta pueda mantener su ciclo vital en las mejores
condiciones físicas. En cuanto al conjunto de
todos los animales forman lo que se conoce como fauna. Y
también por mera observación estos animales
se dividen en dos grandes grupos: Los irracionales y los
racionales o seres humanos.
Entre la flora y la fauna existe una
dependencia muy estrecha, basada en leyes naturales que
rigen la estructura y funcionamiento de las asociaciones
de seres vivos. Las relaciones de alimentación,
determinan las llamadas cadenas alimentarias, en las
cuales los animales herbívoros constituyen, a su
vez, el alimento básico de otros grupos de
animales que, también a su vez, servirán de
alimento a otros, incluidos obviamentre los seres
humanos.
De esta forma, parece que todo el
proceso de la cadena alimentaria tiene como fin
último el alimento del hombre como especie
superior a todas las demás especies, establecido
así por el Creador, o eso creemos.
Visto así, parece que
podríamos dividir la energía existencial de
los seres vivos, en dos grupos: El hombre y todo lo
demás que englobaría flora y animales
irracionales.
El hombre, distinguido por Dios en su
creación terrenal, estaría formado por una
parte de materia como energía potencial y otra
parte espiritual salida de su voluntad (alma) como
energía existencial dando lugar entre las dos a lo
que denominamos Vida. Una vida en la que, por voluntad
divina, su poseedor estaría destinado a gobernar
en la Tierra sobre todo lo que en ella se mueve.
Pero por propio interés, el
hombre pensante, provisto de todos los conocimientos
adquiridos con permiso del Sumo Hacedor, entiende que
merece algo más. Todos los seres vivos, animales y
plantas se componen de materia y voluntad divina para
moverse, crecer y multiplicarse. Y todos tendrán
que morir al finalizar su ciclo para que vuelva la
materia a la materia y su alma a la Energía Total.
A Dios. Pero en el caso del hombre, egoistamente, creo
que no puede ocurrir lo mismo que en el caso del gusano o
en el de la simple planta.
Si Dios se molestó en
distinguirlo entre todas las demás especies. Si le
infundió sentimientos de cariño, de afecto,
de amistad e incluso sus contradictorios de odio, inquina
o rencor. Si es capaz de comprensión, solidaridad,
compasión, benevolencia, altruismo o misericordia
para con sus semejantes. Si pasa su vida en lazos de
amistad, familiaridad o enamoramiento con sus
congéneres, no puede acabar, sin más,
devolviendo su energía a la Energía Total,
cual simple brizna de hierba, olvidando por completo a
aquellos que amó durante su ciclo vital.
Por ello, pienso que tras la muerte,
nuestra energía devuelta, habrá de adoptar
una forma especial de entre las muchas que puede adoptar
la energía, que nos permita, por toda la
eternidad, seguir disfrutando y compartiendo con nuestros
seres queridos esos sentimientos que hemos gestado
durante nuestra permanencia en la tierra.
Así lo pienso porque así
me interesa que sea. Lo que será lo sabré
cuando llegue allí. Y todo lo que aquí me
cuenten no me merece mayor credibilidad que lo que yo
mismo creo, pues lo creo en mi ignorancia y ello me hace
pensar que, tal vez, sea el propio Dios quien me lo hace
creer así.