EL CONOCIMIENTO DE LA HUMANIDAD, LA DIVAGACIÓN DE ALGUNOS HUMANOS Y EL SEXO.

PARTE I. EL GENOMA

Hola Mundo.
La historia de la humanidad parece haberse iniciado hace unos 100.000 años cuando los homos de entonces ubicados en el sur de África comienzan a desplazarse hacia el norte hasta poblar el planeta.

Desde entonces todo es prehistoria descubierta por los estudios arqueológicos, incluido el conocimiento de la primera civilización que pudo comenzar hace unos 75.000 años con los aborígenes australianos.

Posteriormente hace unos 15000 años tiene lugar la civilización Sumeria que llega a la frontera de la historia dejándonos su testimonio en el Poema de Gilgamest.

Más cerca tenemos la civilización Mesopotámica hace unos 7.000 años, ya dentro de la historia, que nos dejó sus textos cuneiformes, o la egipcia con sus jeroglíficos.

Y ya en fechas más recientes, hace unos 3ooo años AC, es decir hace hoy unos 5.000 años, aparece la escritura silábica y con ella la historia en todo su esplendor.

Pues bien, dicho esto, el arduo estudio de la naturaleza por los eruditos del momento, nos ha puesto de manifiesto que en este mundo en que vivimos, al margen de la materia inerte, existe materia viva que clasificamos en fauna y flora, es decir, Animales y Plantas. Si bien estudios más recientes, han descubierto que existe además un Reino Fungi, los hongos, que siendo seres vivos no son animales ni plantas propiamente dichos, ya que poseen cualidades de las plantas, pero no todas y cualidades de los animales, pero no todas. No son animales ni plantas. Pertenecen a un tercer Reino. Pero lo que nos interesa en este relato es el reino animal.

Desde el inicio de los siglos en nuestro globo terráqueo han existido, existen y existirán más animales que las arenas de una playa. Unos ya extintos, otros actuales y quizás otros futuribles con los que no vamos a contar.

Tanto los animales pluricelulares del mundo microscópico como la totalidad de los que habitan en el macroscópico con sus esponjas, insectos, gusanos, orugas, grillos, cucarachas, perros, cabras, leones, tigresas, asnos, yeguas, tiburones, ballenas, etc. etc. y hombres y mujeres, todos reúnen una característica común. Todos, según su especie, clase, o casillero en el que los hayamos metido, todos repito, tienen en común que pueden ser machos o hembras. Si son machos tendrán un órgano reproductor con dos testículos y si son hembras en dicho órgano tendrán dos ovarios. La cópula entre ambos permitirá la procreación y conservación de la especie.

El hombre y la mujer, como animales que somos, tenemos también dichos órganos. Y al igual que el resto de los animales, por muy racionales que seamos, podemos ser machos o hembras.

A los machos los llamamos hombres y a las hembras las llamamos mujeres.

En definitiva, el hombre es macho, masculino, y tiene dos testículos en el órgano reproductor, con un pene.

La mujer, es hembra, femenina, y tiene dos ovarios, con una vagina.

Cuando hablamos de los hombres nos referimos a "ellos" y cuando hablamos de las mujeres nos referimos a "ellas". Y no hay más, dentro de la normalidad.

Ahora bien, durante la gestación de un nuevo ser en el vientre de la madre, quizás por condicionantes externos que nosotros mismo propiciamos aún sin saberlo (alimentación, drogas, estilo de vida…) pueden producirse y de hecho se producen alteraciones genéticas que den lugar a seres que aunque sigan siendo ellos o ellas presenten algún cambio en su genoma que lo diferencie en mayor o menor medida del habitual en la mayoría de los ellos y ellas.

Estas alteraciones se pueden manifestar de múltiples formas, como enfermedades, síndromes o desviaciones sexuales en las que, además, influirían factores sociales o medioambientales, entre otras.

Así, un hombre o una mujer en condiciones normales de su genoma se sentirán atraídos el uno hacia la otra y la otra hacia el uno, como les pasa a todos los animales y con objeto de procrear y perpetuar la especie.

Pero si durante el embarazo se alteran algunos genes y modifican el genoma, amén de otras variaciones, puede modificarse la atracción sexual dirigiéndose no hacia el sexo opuesto sino hacia el igual, dando así lugar a lo que llamamos homosexualidad, que puede ser masculina si el sujeto es un hombre o femenina si se trata de una mujer.

A los hombres homosexuales, a ellos, les llamamos Gays y a las mujeres homosexuales, a ellas, les llamamos lesbianas.

Considerando que la homosexualidad puede deberse a la alteración de uno o de muchos genes y que los factores sociales o medioambientales también juegan un papel importante en el comportamiento humano, la persona homosexual, sea él o ella, puede también mostrarse al mundo de muchas formas diferentes, que van desde el comportamiento normal y desapercibido hasta el más llamativo, estrafalario y rocambolesco.

Y en ese conjunto de alteraciones genéticas, los resultados no solo se manifiestan en el aspecto sexual o de síndromes como ya comentamos, sino que pueden manifestarse de formas insospechadas.

Cuando afectan al aspecto cognoscitivo, la cosa es de alucine, dando lugar a los alucinados

Tales personas, sin saberlo, presentan en su psique alteraciones que les llevan a creerse "non plus ultras". Pasan de no ser nada a sentirse lo máximo. Y es entonces cuando se empecinan en reorganizar el mundo que les rodea.

Los 15.000 años de historia de los que hablábamos al principio no les valen. Las normas establecidas por eruditos y académicos no les sirven. El statu quo reinante hasta hoy les resulta anticuado y opinan que hay que cambiarlo.

Es entonces cuando empiezan a divagar diciendo que machos y hembras, ellos y ellas no son suficientes, y enfatizan abriendo la clasificación a machas y hembros, elles y otras variantes como hijes, ties, o parientes que obligan a pensar en los parientos.

Pero mientras todo esto ocurre, los científicos siguen luchando para contrarrestar en todo lo posible los efectos perniciosos de las alteraciones genéticas. El paso de gigante dado en 1953 al descubrirse el genoma humano abrió un hilo de esperanza para que en un futuro puedan dejar de malograrse genomas.